Un temporal, es un viento fuerte que casi siempre está acompañado de precipitaciones, desgaja lo que encuentra a su paso, detiene la marcha de uno y, de permanecer y tomar fuerza, se convierte en una tempestad.
El trabajo de Laura Elena Garduño es un reflejo de lo exterior en el mundo interior. Un fenómeno externo al cuerpo, como la lluvia que se traslada al interior a través de las lágrimas. El temporal, la tempestad, la crisis, no están afuera sino dentro de uno.
En su más reciente producción, Elena ha generado un cuerpo de trabajo donde una serie de dibujos y gráficas registran el duelo y la añoranza. Con lápices de colores y piedras tratadas para un proceso litográfico, ha ido plasmando las lluvias suaves, ligeras y torrenciales que la abordan en el día, la noche o la madrugada. Así, el tema reside en la repetición y acumulación de siluetas y trazos, en los colores que refieren a estados de ánimo. En cada obra hay una austeridad en la diversidad de las formas pero no en la cantidad de elementos.
Pero en las piezas que componen la muestra no sólo nos acercamos a lo más íntimo de la artista, también vislumbramos las influencias históricas de una persona que siente. Convergen dos referencias culturales. La primera: el mito de Dánae. Parte de la mitología griega, y retomada en las Metamorfosis de Ovidio, donde Danae ('la sedienta') al ser encerrada por su propio padre es tomada y fecundada por Zeus a través de una lluvia de oro dentro de una torre aislada. En él, Danae vive su infortunio por su propia naturaleza. La segunda, 'El vestido invisible de la reina', desde una postura femenina es una síntesis de la forma del agua que se esconde en la superficie. Una analogía donde el dibujo, el stencil o la gráfica parecen no estar. La sutileza de la técnica se antoja como una suerte de engaño ante nuestra mirada acelerada. Estos objetos reclaman del espectador un acercamiento íntimo.